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INTRODUCCION SOBRE EL CHE GUEVARA  

 Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un Diario personal sus observaciones
de cada día. En las largas marchas por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos,
cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las mochilas, las municiones y las armas,
se detenían un instante a descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final de fatigosa
jornada, se veía al Che como cariñosamente lo bautizaron desde el principio los cubanos extraer una pequeña
libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus notas.
Lo que pudo conservar de esos apuntes le sirvió luego para escribir sus magníficas narraciones históricas
de la guerra revolucionaria en Cuba, llenas de contenido revolucionario, pedagógico y humano. Esta vez, gracias
a aquel invariable hábito suyo de ir anotando los principales hechos de cada día, podemos disponer de una
información pormenorizada, rigurosamente exacta e inapreciable de aquellos heroicos meses finales de su
vida en Bolivia. Esas anotaciones, no escritas propiamente para la publicación, le servían como instrumento
de trabajo para la evaluación constante de los hechos, las situaciones y los hombres, a la vez que daban
cauce a las expresiones, de su espíritu profundamente observador, analítico, y muchas veces matizado de fino
humorismo. Están sobriamente redactadas y poseen ininterrumpida coherencia desde el principio hasta el fin.
Téngase en cuenta que fueron escritas en los ratos escasísimos de descanso, en medio de épico y sobrehumano
esfuerzo físico y de sus agotadoras obligaciones como jefe de un destacamento guerrillero en la difícil etapa de
los comienzos de una lucha de esta naturaleza, que se desenvolvía en condiciones materiales increíblemente duras,
lo que revela una vez más su estilo de trabajo y su voluntad de hierro. En este Diario, al analizar en detalle
los incidentes de cada día, se hacen constar faltas, críticas y recriminaciones que son propias e inevitables
en el desarrollo de una guerrilla revolucionaria. En el seno de un destacamento guerrillero esas críticas se
tienen que producir incesantemente, sobre todo en la etapa en que está constituido sólo por un pequeño núcleo,
enfrentados a condiciones materiales sumamente adversas y a un enemigo infinitamente superior en número,
cuando el menor descuido o la más insignificante falta pueden resultar fatales y el jefe debe ser exhaustivamente
exigente, a la vez que utilizar cada hecho o episodio, por insignificante que parezca, para educar a los
combatientes y futuros cuadros de los nuevos destacamentos guerrilleros. El proceso de formación de la guerrilla
es un incesante llamado a la conciencia y al honor de cada hombre. El Che sabía tocar las fibras más sensibles
de los revolucionarios. Cuando Marcos, reiteradamente amonestado por el Che, fue advertido de que podía ser
expulsado deshonrosamente de la guerrilla, respondió:"¡Antes fusilado!" Más adelante dio su vida heroicamente.
Similar fue el comportamiento de todos los hombres en los que puso su confianza y a los cuales se vio en la
necesidad de amonestar por alguna u otra causa en el transcurso de la lucha. Jefe fraternal y humano sabía también
ser exigente y en ocasiones severo; pero lo era en primer lugar y en mayor grado que con los demás, consigo mismo.
Che basaba la disciplina en la conciencia moral del guerrillero y en la fuerza tremenda de su propio ejemplo.
El Diario contiene también numerosas referencias a Debray y evidencian la enorme preocupación que suscitó en el
Che el arresto y encarcelamiento del escritor revolucionario a quien había encomendado una misión en Europa, aunque
en el fondo habría deseado que aquél permaneciera en la guerrilla. Por eso manifiesta cierta inconformidad,
y en ocasiones algunas dudas, sobre su comportamiento. Che no tuvo posibilidad de conocer la odisea vivida por
Debray en las garras de los cuerpos represivos y la actitud firme y valerosa mantenida por éste ante sus captores
y torturadores. Destacó, sin embargo, la enorme importancia política del proceso, y, el 3 de octubre, seis días
antes de su muerte, en medio de amargos y tensos sucesos, consigna: "Se escuchó una entrevista de Debray muy
valiente frente a un estudiante provocador", siendo ésta su última referencia al escritor. Como en este Diario
la Revolución Cubana y sus relaciones con el movimiento guerrillero aparecen reiteradamente señaladas, algunos
pudieran interpretar que su publicación por nuestra parte constituye un acto de provocación que dará argumentos
a los enemigos de la Revolución y a los imperialistas yanquis y sus aliados, los oligarcas de América Latina,
para redoblar sus planes de bloqueo, aislamiento y agresión a Cuba. A los que así juzgan los hechos, es bueno
recordarles que el imperialismo yanqui no ha necesitado nunca de pretextos para perpetrar sus fechorías en cualquier
lugar del mundo y que sus esfuerzos para aplastar la Revolución Cubana se iniciaron desde la primera ley
revolucionaria promulgada en nuestro país, por el obvio y conocido hecho de que ese imperialismo es el gendarme de
la reacción mundial, promotor sistemático de la contrarrevolución y protector de las estructuras sociales más
 retrógadas e inhumanas que subsisten en el mundo. La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada
como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto
es ridícula política de avestruz, que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones
sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino
solidarizarse de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y esclavización del mundo. Cuba es un
pequeño país de economía subdesarrollada, como todos los que fueron durante siglos dominados y explotados por el
colonialismo y el imperialismo, situada sólo a 90 millas de las costas de Estados Unidos, con una base naval yanqui
en su propio territorio, que se enfrenta a numerosos obstáculos por llevar a cabo su desarrollo económico-social.
Grandes peligros se han cernido sobre nuestra Patria desde el triunfo de la Revolución, pero no por ello conseguirá
el imperialismo doblegarla, sin que deban importarnos las dificultades que una línea revolucionaria consecuente
pueda conllevar. Desde el punto de vista revolucionario la publicación del Diario del Che en Bolivia no admite
alternativa. El Diario del Che quedó en poder de Barrientos, que de inmediato entregó copia a la CIA, al Pentágono
y al gobierno de Estados Unidos. Periodistas allegados a la CIA tuvieron acceso al documento en la propia Bolivia
y sacaron copias fotostáticas del mismo, aunque con el compromiso de abstenerse, por el momento, de publicarlo.
El gobierno de Barrientos y los más altos jefes militares tienen sobradas razones para no publicar el Diario,
donde se puede constatar la inmensa incapacidad de su ejército y las incontables derrotas que sufrieron en manos
de un puñado de guerrilleros decididos que en unas pocas semanas le arrebató en combate cerca de doscientas armas.
Che describe además a Barrientos y su régimen en los términos a que es acreedor con palabras que no podrán borrarse
de la historia. Por otro lado, el imperialismo tenía también sus razones: Che y su ejemplo extraordinario cobran
fuerza cada vez mayor en el mundo. Sus ideas, su retrato, su nombre, son banderas de lucha contra las injusticias
entre los oprimidos y los explotados y suscitan interés apasionado entre los estudiantes y los intelectuales
de todo el mundo. En los propios Estados Unidos el movimiento negro y los estudiantes progresistas, que son cada
vez más numerosos, han convertido en algo suyo la figura del Che. En las manifestaciones más combativas por los
derechos civiles y contra la agresión a Vietnam, sus retratos son esgrimidos como emblemas de lucha. Pocas veces
en la historia, o tal vez nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal celeridad y
apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma más pura y desinteresada el espíritu internacionalista
que caracteriza al mundo de hoy y cada vez al de mañana. De un continente oprimido ayer por las potencias coloniales, explotado hoy y mantenido en el retraso y en el
subdesarrollo más inicuo por el imperialismo yanqui, surge esa singular figura que se convierte en aliento universal
de lucha revolucionaria hasta en las propias metrópolis imperialistas y colonialistas. Los imperialistas yanquis
temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario,
expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera escrita al calor y la tensión de cada día,
pólvora inflamable, demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente frente a los esclavizadores
de pueblos y sus ejércitos mercenarios, lo que les ha impedido hasta hoy darlo a la publicidad. Pudieran estar
también interesados en que este Diario no se conociera nunca. Los seudorrevolucionarios, oportunistas y charlatanes
de toda laya, que autoconceptuándose marxistas, comunistas y otros títulos por el estilo, no han vacilado en calificar
al Che de equivocado, aventurero, y cuando más begnignamente, idealista, cuya muerte es el canto de cisne de la lucha
armada revolucionaria en América Latina. "¡Si el Che —exclaman—, máximo exponente de esas ideas y experimentado
guerrillero, fue muerto en las guerrillas y su movimiento no liberó a Bolivia, eso demuestra cuán equivocado estaba...!"
¡Cuántos de estos miserables se habrán alegrado de la muerte del Che, sin sonrojarse siquiera de pensar que sus
posiciones y razonamientos coinciden por entero con los de los oligarcas más reaccionarios y el imperialismo!
De este modo se justifican a sí mismos, o justifican a dirigentes traidores que en determinado momento no vacilaron
en jugar a la lucha armada con el verdadero propósito —según se pudo ver luego— de destruir a los destacamentos
guerrilleros, frenar la acción revolucionaria e imponer sus vergonzosas y ridículas componendas políticas,
porque eran absolutamente incapaces de ninguna otra línea; o a los que no quieren combatir, ni combatirán jamás,
por el pueblo y su liberación y han caricaturizado las ideas revolucionarias haciendo de ellas opio dogmático
sin contenido ni mensaje a las masas, y convertido las organizaciones de lucha del pueblo en instrumentos de
conciliación con los explotadores internos y externos, y propugnadoras de políticas que no tienen nada que ver
con los intereses reales de los pueblos explotados en este continente. Che contemplaba su muerte como algo natural
y probable en el proceso y se esforzó en recalcar, muy especialmente en sus últimos documentos, que esa eventualidad
no impediría la marcha inevitable de la revolución en América Latina. En su mensaje a la Tricontinental  reiteró
ese pensamiento: "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo... En cualquier lugar que nos
sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo
y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas".Se consideró a sí mismo soldado de esa revolución, sin preocuparle
en absoluto sobrevivir a ella. Los que ven en el desenlace de su lucha en Bolivia el fracaso de sus ideas, con el
mismo simplismo pudieran negar la validez de las ideas y las luchas de todos los grandes precursores y pensadores
revolucionarios, incluidos los fundadores del marxismo, que no pudieron culminar la obra y contemplar en vida los
frutos de sus nobles esfuerzos. En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a las que siguió más tarde la
intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus
luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes
al servicio del imperialismo, pudieron impedir a la larga el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y
nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres,
ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos. En el Diario del Che
se pueden apreciar cuán reales eran sus posibilidades de éxito y cuán extraordinario el poder catalizador de la
guerrilla, como él consigna en sus apuntes. En cierta ocasión, ante los evidentes síntomas de debilidad y rápido
deterioro del régimen boliviano, expresó: "El gobierno se desintegra rápidamente, lástima no tener cien hombres
más en este momento".Che conocía por su experiencia en Cuba cuántas veces nuestro pequeño destacamento guerrillero
estuvo a punto de ser exterminado. Pudo ocurrir así en dependencia casi absoluta de los azares e imponderables
de la guerra, mas, tal eventualidad, ¿habría dado a nadie el derecho a considerar errónea nuestra línea y tomarla
además como ejemplo para desalentar a la revolución e inculcar en los pueblos la impotencia? ¡Muchas veces en la
historia los procesos revolucionarios estuvieron precedidos de episodios adversos! Nosotros en Cuba, ¿no tuvimos
acaso la experiencia del Moncada apenas seis años antes del triunfo definitivo de la lucha armada del pueblo?
Para muchos, entre el 26 de julio de 1953, ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y el 2 de diciembre de 1956,
desembarco del "Granma", la lucha revolucionaria en Cuba frente a un ejército moderno y bien armado carecía de
toda perspectiva y la acción de un puñado de luchadores era vista como quimera de idealistas e ilusos "que estaban
profundamente equivocados".La derrota aplastante y la dispersión total del inexperto destacamento guerrillero el 5
de diciembre de 1956 pareció confirmar por entero los pesimistas augurios... Pero, sólo 25 meses después, los restos
de aquella guerrilla habían desarrollado ya la fuerza y experiencia necesarias para aniquilar aquel ejército.
Para no luchar habrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas y en todas las circunstancias, pero será el
único camino de no obtener jamás la libertad. El Che no sobrevivió a sus ideas, pero supo fecundarlas con su sangre.
Con toda seguridad sus críticos seudorrevolucionarios, con su cobardía política y su eterna falta de acción,
sobrevivirán a la evidencia de su propia estupidez.Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes
revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el título de Secretario del
Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que
alegó, además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto,
le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa. Mario Monje, por supuesto, no tenía ninguna
experiencia guerrillera ni había librado jamás un combate, sin que por otro lado su autoconceptuación de comunista
lo obligase siquiera a prescindir del grosero y mundano chovinismo que ya habían logrado superar los próceres que
lucharon por la primera independencia.Con semejante concepto de lo que debe ser la lucha antimperialista en este
continente, tales "jefes comunistas" no han rebasado siquiera el nivel internacionalista de las tribus aborígenes
que sojuzgaron los colonizadores europeos en la época de la conquista. Así, el jefe del Partido Comunista de un país
que se llama Bolivia, y su capital histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores que eran venezolanos uno
y otro, que tuvo la posibilidad de contar para la definitiva liberación de su pueblo con la cooperación del talento
político, organizador y militar de un verdadero titán revolucionario, cuya causa por demás no se limitaba a las
fronteras estrechas, artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra cosa que entrar en vergonzosos,
ridículos e inmerecidos reclamos de mando. Bolivia, por no tener salida al mar necesita más que ningún otro país,
para su propia liberación, sin tener que exponerse a un atroz bloqueo, del triunfo revolucionario de los vecinos.
Che era, además, por su prestigio enorme, su capacidad y su experiencia, el hombre que habría podido acelerar ese
proceso. Che había establecido relaciones con dirigentes y militantes del Partido Comunista boliviano, desde antes
de producirse en el mismo la escisión, recabando de ellos la ayuda para el movimiento revolucionario en América del
Sur. Algunos de esos militantes, autorizados por el Partido, trabajaron con él durante años en diversas tareas.
Al producirse la escisión en dicho Partido, se creó una situación especial puesto que varios militantes de los
que habían estado trabajando con él quedaron ubicados en uno u otro grupo. Pero Che no concebía la lucha en Bolivia
como un hecho aislado sino como parte de un movimiento revolucionario de liberación que no tardaría en extenderse a otros
países de América del Sur. Era su propósito organizar un movimiento sin espíritu sectario, para que a él se
incorporasen todos los que quisieran luchar por la liberación de Bolivia y demás pueblos sojuzgados por el imperialismo
en América Latina. Pero en la fase inicial de preparación de la base guerrillera venía dependiendo fundamentalmente
de la ayuda de un grupo de valiosos y discretos colaboradores que al producirse la escisión habían permanecido en
el Partido de Monje. Fue por deferencia con ellos que invitó, en primer término, a éste, a visitar su campamento,
aunque ciertamente no experimentaba hacia él ninguna simpatía. Después invitó a Moisés Guevara, líder minero y
político que se había separado de aquel Partido para cooperar en la formación de otra organización, y que luego
también se había marginado de ella inconforme con Oscar Zamora, otro Monje que hacía algún tiempo se había comprometido
con el Che a trabajar en la organización de la lucha armada guerrillera en Bolivia, rehuyendo después los compromisos
y cruzándose cobardemente de brazos a la hora de la acción, para convertirse con posterioridad a su muerte en uno
de sus más venenosos críticos, en nombre del "marxismo-leninismo". Moisés Guevara se unió sin vacilación al Che, como le
había ofrecido desde mucho antes de que éste llegara a Bolivia, le brindó su apoyo y entregó su vida heroicamente
a la causa revolucionaria. Otro tanto hizo el grupo de guerrilleros bolivianos que había permanecido hasta entonces
en la organización de Monje. Dirigidos por Inti y Coco Peredo, que después demostraron ser valerosos y destacados
combatientes, se apartaron de aquél y respaldaron decididamente al Che. Pero Monje, no satisfecho del resultado,
se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse
a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas
las condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes
y maniobreros. Che fue hombre al que nunca le interesaron personalmente cargos, mandos ni honores, pero estaba
firmemente convencido de que en la lucha revolucionara guerrillera —fundamental forma de acción para la liberación
de los pueblos de América Latina, partiendo de la situación económica, política y social de casi todos los países
latinoamericanos— el mando militar y político de la guerrilla debía estar unificado y que la lucha sólo podía ser
dirigida desde la guerrilla y no desde cómodas y burocráticas oficinas urbanas. Y en este punto no estaba dispuesto
a transigir, ni a entregarle a un inexperto seso-hueco de estrechas miras chovinistas el mando de un núcleo guerrillero
destinado a desenvolver en su ulterior desarrollo una lucha de amplia dimensión en América del Sur. Che consideraba
que ese chovinismo, que muchas veces infecta a los propios elementos revolucionarios de los diversos países de
América Latina, debía ser combatido como un sentimiento reaccionario ridículo y estéril."Que se desarrolle un
verdadero internacionalismo proletario —dijo en su mensaje a la Tricontinental —la bandera bajo la que se luche
sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela,
de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de BOLIVIA..,para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada,
sea igualmente gloriosa y deseable para un americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo. Cada gota de
sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive
para aplicarla luego a la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere es una fase de
la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado".Che pensaba igualmente que en el destacamento
guerrillero participasen combatientes de distintos países latinoamericanos y que la guerrilla en Bolivia fuese
escuela de revolucionarios que harían su aprendizaje en los combates.....¡¡ COMBATIENTES BOLIVIARIANOS !!

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